viernes, 7 de diciembre de 2012

Your Assistant. [One Shot]

Su andar nervioso era notorio entre la multitud que circulaba a esa hora por el lugar. Y es que estaba retrasada. A sus 18 años, no era su primera entrevista de trabajo, pero los nervios la carcomían por dentro al saber que no era con cualquier persona, era con el jefe de su madre. Y el que -si ahora le iba bien- sería el suyo también. Siguió caminando lo más rápido posible. Miraba el pequeño papel que tenía en su mano con la dirección y luego volvía la mirada hacia arriba buscando el número del edificio. Hasta que lo encontró. Cerró sus ojos con fuerza, suspiró y entró. Divisó el ascensor a dos metros de ella, caminó hacia él y subió. Presionó el botón que la llevaría hasta el piso en el que se supone la estaría esperando el estricto señor que creía que era y el ascensor comenzó a moverse. Arregló su aspecto mientras miraba su reflejo en los espejos que rodeaban la plataforma, y cuando sintió el abrir de las puertas, se volvió hacía adelante y salió. Antes de comenzar a caminar hacia la recepción, observó detalladamente la habitación. Había sofás que rodeaban una pequeña mesa, formando una especie de sala de espera; un gran escritorio de madera color crema, de donde apenas se asomaba la cabeza de la recepcionista -seguramente de esas de físico espectacular que tienen citas con los jefes y éstos les hacen creer que las aman, para luego sólo terminar en la cama-; y una que otra planta en las esquinas y ventanales. Tenía una amplia vista hacia la ciudad, lo que hacía que le entrara un pequeño sentimiento de vértigo al mirar abajo, pero nada incontrolable. Sin más que hacer, caminó hasta el gran mesón.
-Buenos días, ¿en qué la puedo ayudar? -dijo la señorita sin mirarla, ya que estaba concentrada en la pantalla de su monitor.
-Buenos días -respondió la joven muchacha-. Tengo una entrevista de trabajo con el señor...-buscó su nombre en el papel que traía en su mano- Harry Styles. 
Ni siquiera había leído su nombre. Ahora que lo sabía, le parecía un apellido apropiado para un hombre de negocios. Lo que la aterró aún más. 
-Ah, claro. Otra más -levantó la mirada. ________ la miró con intriga. ¿Acaso las demás chicas presentes estaban allí por lo mismo?-. Tome asiento, cuando oiga su nombre, debe ir por el corredor- señaló con su dedo índice un pasillo de muros blancos con varias puertas en los costados-, hasta la puerta en la que dice 'Director Styles'.-Todo muy robótico. Era como si se supiera las instrucciones de memoria y luego sólo las repetía a cada joven que llegaba.
-Ok, gracias.-Genial -pensó-, se había apresurado tanto para llegar a la hora y había sido en vano. Sonrió forzadamente y tomó asiento. 
Intentaba calmar sus nervios. Debía comportarse lo mejor posible -o más que eso-, porque de otra forma, perdería el puesto; y no sólo ella, sino también el de su madre. Más presión aún. Apoyó su codo en su rodilla y movía la punta de su pie derecho intentando tranquilizarse. Buscaba esa parsimonia que tanto necesitaba, pero que parecía no abordarla nunca. Esperaba el sonar de su nombre, mientras la sala se desocupaba y ocupaba por postulantes al empleo. La demora era demasiada. 
-______ ______- escuchó su nombre proveniente de una voz femenina. Seguramente de la persona que actualmente ocupaba el cargo que ella iba a buscar. La asistente del señor. 
Inspiró una última vez y se dispuso a caminar. Miraba la placa de cada puerta, pero ninguna tenía el dichoso apellido; hasta que llegó a la última. 
-Diector Harry Styles -leyó en voz alta. Empuñó su mano y golpeó tres veces. La desaparición repentina de la "voz" que había pronunciado su nombre le parecía extraña, pero no lo tomó en cuenta. 
Abrió un muchacho joven. Cabello castaño y rizado, ojos verdes, tez blanca y la vestimenta informal que llevaría cualquier chico de su edad, pues rodeaba los dieciocho o diecinueve años. 
-¿Tu eres _______ _______? -la miró de pies a cabeza, como haciendo el mismo examen físico que ella había echo de él. _______ se sonrojó.
-Sí. ¿Está el señor Styes? -cuestionó más que nerviosa.
-¿Y quién crees que soy yo? -espetó el joven. Había cometido su primer error, y ojalá fuera el único. 
-¡Oh! ¡Perdón! -exclamó sorprendida.
-No te preocupes -sonrió-. Pasa- abrió la puerta, ella entró, y volvió a cerrarla detrás suyo.
-Toma asiento -ambos lo hicieron. 
-¿Qué edad tienes? -comenzó la entrevista. 
-Dieciocho. Sé que soy joven, pero...
-Tranquila, sólo pregunté tu edad -ambos rieron, pero ella no lograba ocultar sus nervios-. Además, yo también tengo dieciocho, así que por la edad, no te preocupes. 
Era distinto a como se lo había imaginado. Muy distinto. Se dio la libertad de tratarlo de tu. Tenía su edad, sería raro hablarle de usted a alguien de su edad.
-Disculpe que pregunte, pero, ¿por qué tan joven eres director de una empresa?
-Mi padre falleció hace poco -segundo error. '¡Ya deja de preguntar estupideces!'-dijo para sus adentros.-, y yo soy su único heredero. Así que me quedé con la empresa.
-Oh...Lo siento, no debí haber preguntado. Perdón si te molestó mi pregunta, pero es que estoy muy nerviosa, y tampoco sé por qué estoy diciéndote esto, pero es que...-dijo rápido. Tercer error.
-¡Tranquilízate! -la interrumpió riendo-. No soy un monstruo.
-Bien, gracias, -sonrió tímida y agregó-: no te haré más preguntas.
Ambos olvieron a reír. 
-¿Tu eres la hija de _______ _______? ¿Verdad? 
-Sí.
-Oh...Tu madre me había hablado de ti -se puso de pie y comenzó a caminar por la oficina. 
-¿Ah si? ¿Y qué fue lo que te dijo? -se volteó en la silla con una sonrisa en los labios. Él estaba apoyado en la puerta con las manos en la espalda y los pies cruzados. 
-Pues... que eras tímida, lo cual no me parece verdad -rieron-; que eras muy nerviosa... pero que a pesar de todo, eras muy simpática, tierna, y linda -ella sonrió y se sonrojó ante su comentario. Sin duda, esta había sido la entrevista de trabajo más rara que había tenido-. ¿Y ella no te dijo nada sobre mí? 
-Mmm... Creo que no. Y creo que eso está más que claro teniendo en cuenta la idea que yo tenía sobre ti.
-¿Y cuál sería esa idea? 
-Que eras un señor viejo, gordo, feo y estricto -el rió-. Es que así han sido la mayoría de mis jefes, con aspecto de hombre de negocios. Pero tu...-se puso de pie y comenzó a caminar hacia él- eres distinto.- Tomó una distancia adecuada.
-¿A qué te refieres? ¿A que no tengo aspecto de hombre de negocios? Por favor, mírame -se dio la vuelta, haciendo que ella lo recorriera con los ojos-. Soy un completo adulto. 
Ella rió.
-No,no es eso. Es que... no sé. Eres joven, y para nada estricto. 
-¿Y cómo pretendes que lo sea? Tengo dieciocho, no cincuenta. 
Rieron, de nuevo. 
-Pero es que ya te dije. Yo te imaginaba... anciano. 
Rieron aún más. Él se quedó mirándola, ella aún sonreía. Entrelazó sus dedos en el cabello de _______, la acercó a él y atrapó sus labios con los suyos. La chica subió sus manos hasta los hombres del muchacho, pero con una acariciaba sus suaves rizos, mientra él tenía una mano en la mejilla de ella y la otra en su cintura. Empezaron a caminar hasta el escritorio, Harry apartó todas las cosas que había encima y sentó a la muchacha en su lugar. Apoyó su torso contra en de ella, haciendo que se inclinara hacia atrás. Ambos succionaban sus labios y masajeaban sus lenguas mutuamente suavizando el beso. Pero los interrumpió un ruido. El teléfono de ______. Ella se separó, buscó su bolso y sacó el móvil -aún entre los brazos de Harry.
-¿Hola? -contestó. Ahora sí, él sacó sus brazos de la cintura de la chica y caminó hasta detrás del escritorio. 
Luego de aproximadamente veinte segundos de charla con su madre, vio la hora en el teléfono, y se sorprendió al notar que llevaba casi una hora en la "entrevista".
-Me tengo que ir -tomó sus cosas y se dirigió a la salida. 
-¡Espera! -gritó Harry corriendo hacia ella antes de que abriera la puerta-. Tienes el empleo -sonrió y dió un corto beso en sus labios. 
-¿En serio? ¡Gracias! -lo abrazó por los hombros-. Oh, lo siento -se separó y arregló su blusa desordenada por el movimiento. 
-No te preocupes. Adiós -le dio un último beso y agregó-: Te veo el lunes, cariño -le guiñó el ojo, ella sonrió y se fue. 
En la sala de espera todos la miraron por sus llamativos labios rojos, pero ella sonrió sin tomarlos en cuenta y siguió caminando hasta salir del edificio. 
Claro que volvería el lunes. Finalmente, desde ahora en adelante, amaría su trabajo. Y más aún si estaba el dichoso jefe allí. El Sr. Styles.

No hay comentarios:

Publicar un comentario